Guía acerca de
las teorías e ideologías que compiten actualmente en el mercado de las ideas.
Análisis bajo la particular óptica de Dietrich
Schwanitz. Una visión que no por ser eurocéntrica, y más aún alemana, deja
de tener validez en los tiempos actuales.
Las teorías con mayor
implantación en el mercado fueron aquellas en las que los departamentos
dedicados a la práctica de la sospecha funcionaban mejor: desde hacía
mucho tiempo, exactamente desde 1968, el marxismo dominaba el mercado teórico
alemán, pues en materia de sospecha ideológica era insuperable. Su implantación
era tal que el valor de sus acciones se mantuvo incluso cuando se hizo evidente
que su realización llevaba a la catástrofe.
No obstante, hemos de
reconocer que en materia de "sentido" el marxismo también ofrecía una
amplia gama de posibilidades. Cada uno de sus clientes tenía acceso a un
grandioso escenario en el que podía interpretar un papel heroico. Y como su
oferta se dirigía fundamentalmente a intelectuales que satisfacían sus
necesidades de sentido cumpliendo celosamente una misión, el marxismo creció
poniendo bajo sospecha al adversario.
Pero tras la quiebra del
socialismo real, el marxismo se hundió en una inmensa crisis. Era algo que no
se había previsto, pues hasta ese momento la teoría marxista se había mostrado
inmune a las refutaciones procedentes de la realidad. En cualquier caso, hoy es
una teoría "out",
de la que es difícil predecir si alguna vez se recuperará. Quizás no en su
vieja forma; probablemente lo haga en forma de radicalizaciones, sectas y
metamorfosis (transformaciones) teóricas. Por el momento, incluso los mejores
estudiosos del mercado se abstienen de pronunciarse al respecto.
Liberalismo
Por lo general, el
liberalismo es considerado como el beneficiario de la bancarrota del socialismo
real. En Alemania, apenas cuenta con raíces propias, y sus padres intelectuales
son todos ingleses: John Locke, Adam Smith y John Stuart Mill. En todos los
países de habla inglesa estos pensadores son considerados prácticamente como
héroes nacionales.
¿Cuál es el núcleo
teórico del liberalismo? Su valor supremo es la libertad del individuo. Los
maestros del pensamiento liberal fueron los inventores de los derechos del
hombre, de la democracia constitucional, del control del poder mediante la
división de poderes y de la idea de la propiedad como garantía de la
independencia del individuo frente al Estado.
Por otra parte, en el
ámbito económico el liberalismo extendió la idea de que el libre desarrollo del
egoísmo económico redundaba en el bienestar de todos, pues la magia del mercado
(la mano invisible) transformaba la aparente rapacidad individual en una
contribución a la armonía económica al servicio de la productividad (esa teoría
se dio a conocer en Inglaterra como oposición entre private vices and public benefits - vicios
privados y provecho público) . Por eso no había que obstaculizar el libre juego
de las fuerzas económicas con intervenciones estatales. Las leyes de la oferta
y la demanda se encargarían de regular el conjunto de manera óptima.
Esta teoría fue
desenmascarada por el marxismo como una ideología, es decir, como una forma de
encubrir los intereses capitalistas. Efectivamente, por sí solo, sin la
intervención del Estado, el liberalismo económico no ha conducido en ninguna
parte a la protección de los pobres.
Pero el destino del
liberalismo ha sido paradójico. En las democracias occidentales, el liberalismo
ha tenido tanto éxito que se ha convertido en patrimonio de todos: los partidos
liberales han sido víctimas de su propio éxito, y generalmente han sido los
socialdemócratas quienes han recogido su herencia.
Por otra parte y a
diferencia de loque ha ocurrido en las democracias occidentales, en Alemania el
liberalismo nunca ha desempeñado un papel fundamental. Esto explica la demanda
acumulada que sigue habiendo en el país. La idea de que la propiedad es la
garantía de la independencia del individuo y la razón de su compromiso con el
Estado en tanto que ciudadano, es una idea que nunca ha arraigado en Alemania.
La máxima liberal: "Trata siempre a los demás como individuos y nunca como
miembros de un grupo", es violada constantemente en el juego político y a
nadie parece importarle, pues esta idea no ha calado en el subconsciente
político. Y aunque el marxismo carezca ya de implantación, su departamento
antiliberal sigue practicando perfectamente la sospecha: del liberalismo no se
ve más que el liberalismo económico. La tradición del humanismo burgués, en el
que se conjugaban movimiento cultural y compromiso político, es aquí
desconocida. Por eso se sospecha inmediatamente de ella.
Comunitarismo
Pero, en realidad, el
sueño liberal del hombre culto es tan sólo eso: un sueño. El liberalismo
entendía la cultura como la capacidad del individuo para reproducir en sí mismo
la sociedad a través de la complejidad de su personalidad y para desarrollar
así, desde sí mismo, el vínculo moral que cohesiona a la sociedad.
Un deseo que ha
demostrado ser irrealizable. Si se abandona la sociedad a su propia lógica, se
corre el riesgo de que muchos sectores queden desatendidos (piénsese en la
criminalidad, los barrios marginales, la formación de guetos, el aislamiento,
etcétera). Por eso en américa se ha pensado en la función socializadora de las
pequeñas comunidades (community,
de ahí "comunitarismo"), elogiándose sus efectos educativos. Por
comunidades se entiende vecindarios, pueblos y comunidades religiosas. Hillary
Clinton ha escrito un libro comunitarista titulado It Takes a Village, cuyo título debería
completarse así: to educate a
child. Esta retórica concede primacía a la pequeña comunidad sobre
el individuo.
En Estados Unidos, dada
su fuerte tradición liberal, esto no resulta sospechoso. Pero en Alemania, con
su tísico liberalismo, esta apelación a la comunidad enlaza con tradiciones
desacreditadas: tanto los socialistas como los conservadores contrapusieron
siempre la comunidad a la sociedad (de los individuos), haciendo sospechoso
cualquier distanciamiento de la comunidad - lo que fortaleció el conformismo y
penalizó toda desviación -. Finalmente, los nazis elevaron la comunidad al
rango de "comunidad del pueblo" (Volksgemeinschaft)
y persiguieron cualquier distanciamiento de ella tachándolo de traición.
De este modo, aunque en
Alemania las tradiciones comunitaristas son más fuertes que en Estados Unidos,
estas tradiciones - por el hecho de ser de derechas - siguen exportándose a
aquél país, en el que se almacenan, se reetiquetan y vuelven a exportarse a
Alemania, donde circulan libremente como mercancías intelectuales.
Por otra parte, existe
una enorme demanda de teorías comunitaristas. Tras la bancarrota del
socialismo, estas teorías han venido a ocupar los huecos que éste ha dejado. Su
consolidación en el mercado depende de la capacidad del consorcio marxista para
hacer renacer de sus ruinas nuevas firmas teóricas que sigan una política
comercial agresiva. En sí mismo, el comunitarismo es una teoría débil, y con
ésto no queremos decir que sea buena o mala, sino que su política comercial no
es muy agresiva.
Imagen: Rafa Bertone.
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