domingo, 29 de julio de 2012

Marxismo, liberalismo, comunitarismo.



Guía acerca de las teorías e ideologías que compiten actualmente en el mercado de las ideas. Análisis bajo la particular óptica de Dietrich Schwanitz. Una visión que no por ser eurocéntrica, y más aún alemana, deja de tener validez en los tiempos actuales.

 Marxismo

Las teorías con mayor implantación en el mercado fueron aquellas en las que los departamentos dedicados a la práctica  de la sospecha funcionaban mejor: desde hacía mucho tiempo, exactamente desde 1968, el marxismo dominaba el mercado teórico alemán, pues en materia de sospecha ideológica era insuperable. Su implantación era tal que el valor de sus acciones se mantuvo incluso cuando se hizo evidente que su realización llevaba a la catástrofe.

No obstante, hemos de reconocer que en materia de "sentido" el marxismo también ofrecía una amplia gama de posibilidades. Cada uno de sus clientes tenía acceso a un grandioso escenario en el que podía interpretar un papel heroico. Y como su oferta se dirigía fundamentalmente a intelectuales que satisfacían sus necesidades de sentido cumpliendo celosamente una misión, el marxismo creció poniendo bajo sospecha al adversario.
Pero tras la quiebra del socialismo real, el marxismo se hundió en una inmensa crisis. Era algo que no se había previsto, pues hasta ese momento la teoría marxista se había mostrado inmune a las refutaciones procedentes de la realidad. En cualquier caso, hoy es una teoría "out", de la que es difícil predecir si alguna vez se recuperará. Quizás no en su vieja forma; probablemente lo haga en forma de radicalizaciones, sectas y metamorfosis (transformaciones) teóricas. Por el momento, incluso los mejores estudiosos del mercado se abstienen de pronunciarse al respecto.

Liberalismo

Por lo general, el liberalismo es considerado como el beneficiario de la bancarrota del socialismo real. En Alemania, apenas cuenta con raíces propias, y sus padres intelectuales son todos ingleses: John Locke, Adam Smith y John Stuart Mill. En todos los países de habla inglesa estos pensadores son considerados prácticamente como héroes nacionales.

¿Cuál es el núcleo teórico del liberalismo? Su valor supremo es la libertad del individuo. Los maestros del pensamiento liberal fueron los inventores de los derechos del hombre, de la democracia constitucional, del control del poder mediante la división de poderes y de la idea de la propiedad como garantía de la independencia del individuo frente al Estado.

Por otra parte, en el ámbito económico el liberalismo extendió la idea de que el libre desarrollo del egoísmo económico redundaba en el bienestar de todos, pues la magia del mercado (la mano invisible) transformaba la aparente rapacidad individual en una contribución a la armonía económica al servicio de la productividad (esa teoría se dio a conocer en Inglaterra como oposición entre private vices and public benefits - vicios privados y provecho público) . Por eso no había que obstaculizar el libre juego de las fuerzas económicas con intervenciones estatales. Las leyes de la oferta y la demanda se encargarían de regular el conjunto de manera óptima.

Esta teoría fue desenmascarada por el marxismo como una ideología, es decir, como una forma de encubrir los intereses capitalistas. Efectivamente, por sí solo, sin la intervención del Estado, el liberalismo económico no ha conducido en ninguna parte a la protección de los pobres.

Pero el destino del liberalismo ha sido paradójico. En las democracias occidentales, el liberalismo ha tenido tanto éxito que se ha convertido en patrimonio de todos: los partidos liberales han sido víctimas de su propio éxito, y generalmente han sido los socialdemócratas quienes han recogido su herencia.

Por otra parte y a diferencia de loque ha ocurrido en las democracias occidentales, en Alemania el liberalismo nunca ha desempeñado un papel fundamental. Esto explica la demanda acumulada que sigue habiendo en el país. La idea de que la propiedad es la garantía de la independencia del individuo y la razón de su compromiso con el Estado en tanto que ciudadano, es una idea que nunca ha arraigado en Alemania. La máxima liberal: "Trata siempre a los demás como individuos y nunca como miembros de un grupo", es violada constantemente en el juego político y a nadie parece importarle, pues esta idea no ha calado en el subconsciente político. Y aunque el marxismo carezca ya de implantación, su departamento antiliberal sigue practicando perfectamente la sospecha: del liberalismo no se ve más que el liberalismo económico. La tradición del humanismo burgués, en el que se conjugaban movimiento cultural y compromiso político, es aquí desconocida. Por eso se sospecha inmediatamente de ella.

Comunitarismo

Pero, en realidad, el sueño liberal del hombre culto es tan sólo eso: un sueño. El liberalismo entendía la cultura como la capacidad del individuo para reproducir en sí mismo la sociedad a través de la complejidad de su personalidad y para desarrollar así, desde sí mismo, el vínculo moral que cohesiona a la sociedad.

Un deseo que ha demostrado ser irrealizable. Si se abandona la sociedad a su propia lógica, se corre el riesgo de que muchos sectores queden desatendidos (piénsese en la criminalidad, los barrios marginales, la formación de guetos, el aislamiento, etcétera). Por eso en américa se ha pensado en la función socializadora de las pequeñas comunidades (community, de ahí "comunitarismo"), elogiándose sus efectos educativos. Por comunidades se entiende vecindarios, pueblos y comunidades religiosas. Hillary Clinton ha escrito un libro comunitarista titulado It Takes a Village, cuyo título debería completarse así: to educate a child. Esta retórica concede primacía a la pequeña comunidad sobre el individuo.

En Estados Unidos, dada su fuerte tradición liberal, esto no resulta sospechoso. Pero en Alemania, con su tísico liberalismo, esta apelación a la comunidad enlaza con tradiciones desacreditadas: tanto los socialistas como los conservadores contrapusieron siempre la comunidad a la sociedad (de los individuos), haciendo sospechoso cualquier distanciamiento de la comunidad - lo que fortaleció el conformismo y penalizó toda desviación -. Finalmente, los nazis elevaron la comunidad al rango de "comunidad del pueblo" (Volksgemeinschaft) y persiguieron cualquier distanciamiento de ella tachándolo de traición.

De este modo, aunque en Alemania las tradiciones comunitaristas son más fuertes que en Estados Unidos, estas tradiciones - por el hecho de ser de derechas - siguen exportándose a aquél país, en el que se almacenan, se reetiquetan y vuelven a exportarse a Alemania, donde circulan libremente como mercancías intelectuales.

Por otra parte, existe una enorme demanda de teorías comunitaristas. Tras la bancarrota del socialismo, estas teorías han venido a ocupar los huecos que éste ha dejado. Su consolidación en el mercado depende de la capacidad del consorcio marxista para hacer renacer de sus ruinas nuevas firmas teóricas que sigan una política comercial agresiva. En sí mismo, el comunitarismo es una teoría débil, y con ésto no queremos decir que sea buena o mala, sino que su política comercial no es muy agresiva.

Imagen: Rafa Bertone.

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